No dejo de pensar este otoño en los arces japoneses que imagino anaranjados, o tal vez rojos virando al amarillo, iluminando mis recuerdos del verano y reconstruyendo mis recuerdos del país. En Takayama, aquel atardecer, yo había escrito...
LA LUNA APARECIÓ DOS VECES
Había visitado el templo en la mañana, participado de todos los ritos que aprendí, agua, incienso, dos inclinaciones, dos palmadas, un saludo, un deseo, un ruego, nueva inclinación y respetuosa despedida. Volviendo la cabeza te vi por un instante, un saludo, una leve inclinación y tu sonrisa.
La luna estaba llena, atardecía rojo en Takayama, paseábamos en yucata. Cruzamos la calle principal, probamos en todos los puestos de comida, bolitas de arroz engarzadas, pinchos morunos de ternera y pollo, pan de nueces e higos, mientras un grupo de jóvenes cantaba en inglés.
A la orilla del río de la vida discurría lentamente la vida, sumergidos en un río de risas familiares, entre fuegos artificiales que estallaban en la noche, apareció de nuevo la luna y volviendo la cabeza de nuevo te vi por un instante, un saludo, una leve inclinación y tu sonrisa.
Más tarde en el jacussi de la planta 10 volviste a aparecer, la luna volvió a bañarme y contigo despedí la noche.

