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MEDIO SIGLO DE EXILIO Y DOS CONCIERTOS
Este fin de semana tuve bien presente el recuerdo del pueblo tibetano. Llevamos medio siglo de exilio tibetano.
Cuando llegué a Dharamsala por mi primera vez mi impresión fue un pueblo de gran actividad, pequeños puestos de venta, autobuses y mochilas, banderas tibetanas, monjes budistas transitando por doquier, cánticos y procesión al atardecer, los colores naranja y canela, granate y berenjena de sus túnicas y sus sonrisas, siempre su amabilidad y sus sonrisas, también el museo tibetano, los paneles de las personas tibetanas desaparecidas, los dos templos, la casa del Dalay Lama. Pasé tres días deambulando sus calles, paseando la limpia naturaleza hacia la cascada Bhatgsu, sintiendo un pueblo en el exilio, un pueblo que había vivido por los siglos tras aquellas altas montañas que ahora les separan. Para siempre quedó en mi el sentimiento de solidaridad con este pueblo, pegado a la piel como la lluvia, la humedad y los tés con ginger y honey al atardecer y las reposadas y placenteros charlas que fueron mi compañía en aquel viaje.
Pero vivo en Gijón y disfruté dos conciertos que quiero compartir. El viernes el cantautor Víctor Álvarez en Tom Corless. Podéis encontrar linkeado el blog de esta cantautor y poeta.
Este fin de semana tuve bien presente el recuerdo del pueblo tibetano. Llevamos medio siglo de exilio tibetano.
Cuando llegué a Dharamsala por mi primera vez mi impresión fue un pueblo de gran actividad, pequeños puestos de venta, autobuses y mochilas, banderas tibetanas, monjes budistas transitando por doquier, cánticos y procesión al atardecer, los colores naranja y canela, granate y berenjena de sus túnicas y sus sonrisas, siempre su amabilidad y sus sonrisas, también el museo tibetano, los paneles de las personas tibetanas desaparecidas, los dos templos, la casa del Dalay Lama. Pasé tres días deambulando sus calles, paseando la limpia naturaleza hacia la cascada Bhatgsu, sintiendo un pueblo en el exilio, un pueblo que había vivido por los siglos tras aquellas altas montañas que ahora les separan. Para siempre quedó en mi el sentimiento de solidaridad con este pueblo, pegado a la piel como la lluvia, la humedad y los tés con ginger y honey al atardecer y las reposadas y placenteros charlas que fueron mi compañía en aquel viaje.
Pero vivo en Gijón y disfruté dos conciertos que quiero compartir. El viernes el cantautor Víctor Álvarez en Tom Corless. Podéis encontrar linkeado el blog de esta cantautor y poeta.
Con un intermedio de oricios en Bañuges y cambiando la dimensión musical la noche del sábado fue para Michael Nyman y su banda, Mozart 252 y con Marie Angel y 8 Lust songs: I Sonetti lussuriosi de Pietro Aretino, por supuesto en el Teatro de La Laboral.
Y aún me falta disfrutar del domingo.
Las fotografías son de Dharamsala en verano y al atardecer.

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