ME ASOMÉ, OTOÑO
Me asomé, otoño,
a una esquina de tu calle
para ver si aún quedaban
los aromas de sus besos.
Recorrí la autopista de la vida
atenta a sus señales,
sin su cálida presencia.
Pregunté al algodón suave
que quemaba mis mejillas
en aquel rojo atardecer.
Lo busqué en la oscura luz
del alba dónde vive escondido,
en el eco de caricias venideras,
en reflejos de vidrieras cada día.
No encontré más que el suelo
de mi fuerza interior rota,
desgajándome. Me acuné
con el manto anaranjado
que cubría mis heridas.
Navego acompañada de mi misma,
cabalgo unicornios por valles y praderas,
vuelo por encima de las nubes,
nado océanos de sábanas azules,
descubro porque la luna de abril
apasiona aún mis añoranzas,
y sigo buscando su luz
en mí misma, en soledad,
mi compañera.
Me asomé, otoño,
a una esquina de tu calle
para ver si aún quedaban
los aromas de sus besos.
Recorrí la autopista de la vida
atenta a sus señales,
sin su cálida presencia.
Pregunté al algodón suave
que quemaba mis mejillas
en aquel rojo atardecer.
Lo busqué en la oscura luz
del alba dónde vive escondido,
en el eco de caricias venideras,
en reflejos de vidrieras cada día.
No encontré más que el suelo
de mi fuerza interior rota,
desgajándome. Me acuné
con el manto anaranjado
que cubría mis heridas.
Navego acompañada de mi misma,
cabalgo unicornios por valles y praderas,
vuelo por encima de las nubes,
nado océanos de sábanas azules,
descubro porque la luna de abril
apasiona aún mis añoranzas,
y sigo buscando su luz
en mí misma, en soledad,
mi compañera.

