
A veces, pequeños cristales rotos de realidad, son las cosas importantes que protegemos en las almonedas del alma.
MI CAJA DE CORALES
Guardo en mi caja de corales más preciados
impaciencias e ilusiones,
un cabás que huele a nuevo,
chapuzones en el mar y aquel caldero amarillo con dibujos,
el rubor con tu mirada,
el camino descalzo en mis pies
y el primer suspiro que robaste aquella noche,
las mimosas del vestido que compré con aquel sueldo,
mis primeros zapatos de tacón,
el fin del mundo en forma de rojo atardecer,
la tarde de reposo en el sofá
y el libro, y el pilot,
la página desnuda que me llama,
el zoco que se abre al té con menta,
y un río y un navío
y las islas de agua y los mares de arena,
la magia de los proyectos que se hacen realidad,
las miradas que superan tantos miedos,
un nuevo amanecer.
Guardo en mi caja de corales más preciados
aquella ruta que aún no hice,
montañas que seguro subiré,
nubes que no sobrevolé,
poemas que aún no escribí,
este poema que aún no sé si acabé.
Cuando viajéis a Gijón no os olvidéis pasear al atardecer por el parque del cabo San Lorenzo.