domingo, 20 de enero de 2008



Ayer sábado, 19 de enero, cuando se depositaban las cenizas de Ángel González en el cementerio de El Salvador, en Oviedo, se leyó este poema suyo inédito.
SIN PRISA


Deja que pasen estos días,

deja que pasen estos años,

y entretanto

agradece el regalo de la luz

al cielo de diciembre,

tan discreta

que es casi solo trasparencia,

no ofende

y es muy bella,

deja que pasen estos años,

son pocos ya,

sé paciente

y espera

con la seguridad de que

con ellos

habrá pasado definitivamente todo.

sábado, 12 de enero de 2008



Aunque los poetas son inmortales
hoy no ha salido el sol...

hoy nos falta Ángel González.


Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.
Donde tengo el amor, toco la herida.
Donde dejo la fe, me pongo en juego.


Primera estrofa del poema de Ángel González Donde pongo la vida pongo el fuego.

viernes, 11 de enero de 2008



ESPADAS Y ROSAS

Espadas abiertas,
pétalos al aire,
palabras caídas.

Atronaban los motores contenidos
frente al blanco Mosteiro,
tus palabras sonaron como espadas
perforando espacios diluidos por el humo
del cigarro de tus labios resecos.

Espadas del tiempo,
palabras gastadas,
rosas aún florecidas.

Mis labios se deleitan por el rojo, dulce, intenso
paladar de un vintage de 10 años,
las espadas y tus palabras se cruzan
diluyendo encuentros, desencuentros.
Tu luz indirecta me llega y no la escucho,
mi sangre fluye libre caminando
en sentido inverso a tus palabras.

Espadas de hielo,
palabras cortantes,
sangre de rosa vacía.

Tu palabra rasgó el espacio vacío,
desplomó los pétalos ardientes
que había cultivado con esmero.
Con espadas habías defendido un sueño.
Con espadas habías destruido un sueño.

Espadas rojas,
palabras al aire,
pétalos caídos.

Un pétalo rodó por tu mejilla
taladrando el ensueño.
A lo lejos el arco suspendido de la Ponte
observaba impasible.
Aquel campo de rosas crecido a tu lado
se apagó marchitando los deseos.

Sin espadas
crecen libres
palabras y rosas.

Las espadas, espigas de silencio,
en campos bravíos cultivadas
con lágrimas de sangre
germinaron una rosa,
sus pétalos se abren libres
después de tanto desencuentro.

domingo, 30 de diciembre de 2007



VERSOS HÚMEDOS

Asciendo por el túnel sereno
de tu carne
provocando oleadas de explosión
intemporales,
me sumerjo cual orquídea
expectante a tus deseos,
suplicando a los dioses
una estancia permanente
en tu seno.

Asciendes, provocas,
te sumerges, suplicas,
suplico agotarme en ti,
vivirte asido a mí,
vivirnos sin fin,
explorándonos
siempre.
La playa de Guadamía sirva de marco para estos Versos húmedos que fueron el tema de la última reunión del año 2007 en nuestro grupo de poesía ENCADENADOS.


Empezó 2008

Empezó enero y se fueron cayendo uno a uno todos los sueños navideños. Ya pasó el turrón de vuelve a casa, el gordo que salpica a muy poquitos pero que ilumina deseos muy perecederos, la nochevieja y sus colores de neón, risas, ritos de felicitación y cantos renovados de promesas de año nuevo. No preocuparse pues están las rebajas para continuar con el engaño consumista de la ridícula felicidad de comprar unos calcetines que no recesito por un euro menos de lo que los compraré mañana.
Menos mal que, además de todo esto, conservamos los valores verdaderos a buen recaudo que permanecen intactos después de tanto ajetreo festivo.
Sigamos caminando y creciendo en la cotidianeidad diaria de la vida.


Sobre la fotografía creo que no diré nada. Seguro que ya habéis adivinado.

lunes, 24 de diciembre de 2007


Me gusta asomarme a mi mar y pararme, aunque sólo sea un ratito, para sentirme acompañada de su arrullo. Y en el ajetreo de estos días es un lujo sentir la luz de su espuma y el abrazo de su fuerza para disfrutar la paz necesaria y combatir los excesos comerciales de estos días.

Os deseo a todos paz y solidaridad, en estas fechas y siempre, y un nuevo año que cumpla vuestros deseos.

domingo, 16 de diciembre de 2007



POR MIEDO

La ciudad aún duerme
y yo me alejo
antes de que despiertes
y te llore,
antes de que crezcas
y te confíe
mis debilidades al desnudo,
antes de que deshagas
la línea negra
del horizonte que respiro.

Me digo adiós, vuelvo
al encuentro
del desencuentro de algún
lugar del norte,
donde no ciegue
la radiante luz del día.

Reposo
junto al árbol
de la savia ancestral
que me alimenta.
La fotografía corresponde a un bosque de hayas en octubre cuando aún el otoño no había desnudado su troncos.