
El acero perfora mi alma,
el dorado otoño se trasforma
en prematuro invierno,
me hielo por dentro.
No sé el porqué del dolor,
no sé el porqué de la vida.
Es lo que tiene pasear el domingo en otoño y Picasso en el Museo Reina Sofía.



La Playa del Silencio en Asturias que os muestro es el dulce refugio que de vez en cuando disfruto.


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Las playas de Caparica, cercanas a Lisboa, tienen este color al atardecer.