Hay días que se cruzan dos desconocidas sombras fruto de vivencias afortunadas, desafortunadas, compartidas, olvidadas. De eso se trata este poema, de aquella sombra que deja en el asfalto el rumor de un encuentro inexistente.
Se diría que ya no me conoces,
porque no brillan mis ojos
en tu espejo,
ni la estela de mis pasos
en tu cuerpo,
y las primaveras nacen el otoño
en mi recuerdo.
¿Dónde habitas?
¿por qué nebulosa te conduces
que no veo te deshaces
añorando mi regazo?.
Se diría que ya no me conoces,
si has dudado
que he disuelto en azul frío,
en hielo lago,
el rojo apasionado de tus besos
en mis nubes,
si has pensado que he dejado
de quererte,
de sumar en mi piel humedades
que aún paseas.
Se diría que ya no me conoces,
si no ves que aún busco
la alfombra de rosas extendidas
a tu paso,
si no sabes que aún quedan aromas
en esquinas de mi cama, suaves
remolinos,
a la espera de un encuentro
inexistente.
Se diría que ya no me conoces
si piensas
que, perdida en el bosque
de la duda permanente,
no avanzo,
no navego otras olas, otros lares,
otras lunas que llenen tu vacío.
Se diría que ya no me conoces
si no sabes
el vacío que dejaste.
En la última reunión del grupo Encadenados se propuso la tarea de escribir un poema en el que se incluyera el verso Se diría que ya no me conoces, tomado de un texto de Juan Vicente Piqueras. Ésta es mi aportación.
La fotografía está tomada en Gijón, en el paseo de San Lorenzo, un día gris que sólo miraba el asfalto.