

SAN ANDRÉS DEL ARROYO. Palencia.
“A veces el reposo me llega en un momento de gran actividad. Cuatro elementos piedra, luz, agua y arte, me rodean. La sala capitular me habla, me detengo aunque una masa de gente me rodea. Siento el frío de la piedra bajo mis pies, miro la luz reflejada en los capiteles del claustro frente a mí iluminados, admiro el arte cincelado, troquelado mientras el agua discurre. lentamente en una fuente haciendo sonerías de luna.
Y yo me aíslo, me detengo y pienso”.
Cuando escribí estas líneas estaba en el Monasterio de San Andrés del Arroyo, al norte de Palencia. Lo había disfrutado hace algunos años y esta vez, aunque la luz estaba preciosa y prometía un goce para el espíritu, una excursión de cincuenta personas coincidió con mi visita y no pude saborear la paz soñada. He de decir también que la monja responsable de acompañarnos en la visita guiada, nos guió tanto que no me dejó ni un solo momento de serenidad para dar una vuelta completa por el Claustro en soledad.
De cualquier forma perderse por las numerosas iglesias y monasterios que aparecen en cualquier recodo del camino del románico palentino es un lujo.
“A veces el reposo me llega en un momento de gran actividad. Cuatro elementos piedra, luz, agua y arte, me rodean. La sala capitular me habla, me detengo aunque una masa de gente me rodea. Siento el frío de la piedra bajo mis pies, miro la luz reflejada en los capiteles del claustro frente a mí iluminados, admiro el arte cincelado, troquelado mientras el agua discurre. lentamente en una fuente haciendo sonerías de luna.
Y yo me aíslo, me detengo y pienso”.
Cuando escribí estas líneas estaba en el Monasterio de San Andrés del Arroyo, al norte de Palencia. Lo había disfrutado hace algunos años y esta vez, aunque la luz estaba preciosa y prometía un goce para el espíritu, una excursión de cincuenta personas coincidió con mi visita y no pude saborear la paz soñada. He de decir también que la monja responsable de acompañarnos en la visita guiada, nos guió tanto que no me dejó ni un solo momento de serenidad para dar una vuelta completa por el Claustro en soledad.
De cualquier forma perderse por las numerosas iglesias y monasterios que aparecen en cualquier recodo del camino del románico palentino es un lujo.
Las fotos, por supuesto, corresponden al claustro del Monasterio de San Andrés del Arroyo.
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